Ecuador: de la reconstrucción al desarrollo


December 1st, 2017

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Ecuador, 16 de abril de 2016 un terremoto de magnitud 7,8 Mw deja 661 muertos, una estimación de daños económicos de 3.000 millones de dólares y 14 provincias afectadas. Los equipos de emergencia se despliegan y empiezan las labores de reconstrucción.

En este punto de la historia es donde la visión de una planificación urbana más resiliente y sostenible a largo plazo, juega un papel fundamental en la reconstrucción para evitar la degradación de la ciudad.

La urgencia no debe condicionar el futuro y la respuesta a los retos de provisión de vivienda y servicios en el momento deben considerar los factores de segregación social e impulsar la actividad económica mejorando la situación previa al desastre.

Cuando llega el impacto, surge una oportunidad para reestructurar las áreas urbanas y transformarlas en lugares mejores a través del planeamiento del territorio como herramienta vertebradora.

Así, la nueva visión urbana debería definir como prioridad el uso de suelos aptos y seguros, una política que confronte y reduzca los requerimientos de la urgencia pero sin olvidar el desarrollo futuro: la utilización racional del suelo, la protección del medio ambiente, la reducción de la desigualdad, la mejora del acceso a la vivienda y la generación de nuevas oportunidades económicas dentro del marco de competencias locales.

Las ciudades están expuestas a diversas amenazas y sus planes urbanos en muchos casos obvian las áreas de riesgo por las implicaciones económicas que representaría, en zonas previamente ocupadas, el traslado a zonas seguras o, cuando no sea viable, las medidas de prevención necesarias para reducir el impacto así como el plan de emergencia incluyendo las localizaciones donde se ubicarán de manera transitoria o definitiva las familias afectadas. También sería necesario considerar la necesidad de situar en emplazamientos seguros aquellos usos de carácter estratégico para la atención de emergencias (centros de atención hospitalaria, estaciones de bomberos, estaciones de policía, etc.). Podría parecer que la inversión en la protección de estos elementos, como la protección de las infraestructuras críticas, tiene un coste elevado aunque es un hecho reconocido que el coste de la recuperación siempre es mucho mayor. En palabras del Ex-Secretario General de la ONU, “la pérdidas directas relacionadas con inundaciones, terremotos y sequía han sido infraestimadas al menos en un 50%. En lo que va de siglo, las pérdidas directas por desastres están en el rango de los 2.5 trillones de dólares”. 

Desde la perspectiva de planificación urbana, la reconstrucción de las áreas dañadas deberá estar basada en un análisis multiescalar que considera la ciudad desde la diversidad de unidades del territorio. “Reconstruir mejor” no sólo se refiere a mejorar la calidad de las edificaciones, sino  también en aprovechar el potencial de las áreas afectadas u otras áreas degradadas de la ciudad para revitalizar la vida urbana.

La población desplazada por el desastre se integrará mediante actuaciones de acupuntura urbana en áreas consolidadas o a transformar, que permitan la revitalización del tejido en desuso o bien en áreas aún no desarrolladas en las que se prime la mezcla social, de usos y se fomente una estructura urbana conectada, sostenible y económicamente activa orientada a la reducción de la desigualdad.

En el caso de la relocalización en nuevos asentamientos de comunidades enteras ubicadas en sectores con alto nivel de riesgo, las actuaciones deberían estar basados en principios del desarrollo urbano sostenible, entendido éste en su acepción más amplia e integral.

La visión planificada de la ciudad presente y futura se basa en criterios básicos: la definición de los suelos no aptos para el desarrollo y en consecuencia, las áreas de riesgos mitigables y aquellas cuyos usos se han de trasladar; las infraestructuras y los equipamientos incluida la red de espacio público y las áreas verdes y las actividades económicas que han de sostener el desarrollo equilibrado del territorio.

La coordinación entre la emergencia y el planeamiento permitiría acelerar la recuperación real de las ciudades, promoviendo la resiliencia e incrementando la capacidad de las poblaciones frente a los riesgos que las amenazan para convertirlas en lugares más seguros y mejores.

El plan resultante debería ser, en primera instancia, un soporte rápido a la toma de decisiones orientadas a la reconstrucción pero su misión posterior será actuar como un dinamizador social a través de procesos de participación que permitan la vinculación de todos los actores involucrados y con especial atención a los más vulnerables, alzando la voz de las personas en los procesos de decisión de las ciudades que habitan hacia un futuro más seguro y mejor.

La iniciativa propuesta por ONU Habitat para la recuperación en Ecuador promueve este principio de colaboración entre emergencia y planificación, con la esperanza de que sea el punto de partida para afrontar los retos que representa la vida urbana, poniendo de relieve la necesidad de que todo proceso de reconstrucción o recuperación incluya la mejora de la capacidad del territorio a través de un planeamiento urbano resiliente.

Maíta Fernández- Armesto
Formerly Expert in Urban Resilience, UN-Habitat

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